Tú a qué aspiras

Hay que ver lo brutos que son los nazarenos, "paisanos" de Jesús, no los que salen de procesión en Semana Santa. Porque les ha dicho algo que no les convence, o mejor, que no querían oir, pasan de la admiración a intentar despeñar al Señor (Lc 4, 21-30). Lo hacen porque no son capaces de ver en quien tienen delante al Señor y no al simple hijo del carpintero del pueblo. Ciertamente a nosotros a veces nos sucede lo mismo, nos cerramos en banda y no somos capaces de ceder en tantas y tantas ocasiones.

La verdad es que esto sucede cuando nos falta el amor, como nos recuerda S. Pablo (1 cor 12, 31 ss). Es la típica lectura de las bodas, pero nos recuerda hoy, que no estamos en esa celebración, de que si no ponemos en primer lugar la donación de uno mismo, que es el amor, lo demás no sirve. San Agustín dirá de unos herejes, los donatistas, que no son de Jesucristo porque no aman.

Tantas y tantas veces a nosotros nos sucede algo similar. No caemos en herejías, gracias a Dios, pero nos falta el amor y eso nos lleva a no ser fieles, y la fidelidad es el nombre del amor en el tiempo. Debemos luchar por mantener nuestra fidelidad y aspirar a lo mejor. Cuántas veces nos han dicho ¿tú a qué aspiras? Pues la aspiración mayor de un cristiano debe ser la santidad. Y eso no significa ser buenísimo, sino ser fieles. Fieles a Dios en lo concreto de cada día. Y eso es lo que les falta a los nazarenos, empeñados en sus cosas, en sus ideas rechazan el amor que Jesús les da cuando lo oyen predicar en la sinagoga. La historia de la Iglesia está llena de obras admirables, de acontecimientos y de personas que han vivido la fidelidad al Señor y sobre todo, que nos llevan a descubrir el verdadero amor, el de Jesús.

De la misma manera nosotros debemos ayudar a que otras personas descubran el amor de Dios, pero para ello debemos haberlo descubierto nosotros. Nadie da lo que no tiene, y lo mejor que tenemos es la fe, por eso hay que darla. En las diferentes circunstancias en las que a cada uno de nosotros le toca vivir debemos buscar a Dios y pedir ayuda para encontrarlo si no lo hemos hecho abrumados por las preocupaciones. En la medida en la que sepamos permanecer fieles a Dios saldremos victoriosos. Esto lo simboliza el Evangelio cuando Jesús se abre paso entre la multitud que quiere despeñarlo. El amor vence al mundo y ninguna circunstancia puede impedirlo. Sólo nuestro corazón puede cerrarle el paso, no dejemos que eso suceda, que nos falte el amor. A eso es a lo que debemos aspirar.