| A rey muerto rey puesto |
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Este conocido refrán nos expresa con gran claridad que cuando alguien falta en el poder no se tarda mucho tiempo en que otro le sustituya. Sin embargo ante la fiesta de Cristo Rey, que vamos a celebrar este domingo no es eso lo que podemos ni debemos decir. El día de Cristo Rey es el último domingo del año litúrgico y nos enseña que Cristo es el principio y fin de todo, el Alfa y la Omega, Señor del tiempo y la eternidad, y sobre todo el Señor de nuestra vida y de todo lo creado. Un rey, constitucional o no, poco tiene que ver con la figura de Cristo, que se nos presenta reinando de una forma muy distinta. El Reino que Cristo viene a traernos no es de poderío y fortaleza militar o territorial tal y como puede entenderse hoy en día. Cristo reina desde un trono que no es de oro, sino de madera y que es su cruz. Es cierto que está más elevado que el resto de nosotros pero no para superponerse sino para abrazarnos a todos desde lo alto y atraer hacia sí todas las miradas del mundo. La cruz es un trono muy distinto al del mando, es de servicio, amor y entrega. Ójala todos los tronos o poderes temporales imitasen -aunque fuese un poco- la entrega de Cristo. La fiesta de Cristo Rey del Universo nos invita a contemplar con esperanza el fin de los tiempos, por eso es el último domingo de año litúrgico como decía. Frente a este fin uno no tiene que tener miedo, sino alegría por el encuentro con el Señor, esa es nuestra esperanza, nuestra certeza, nuestra fe. Todo en la vida tiene su fin, empezando por esta misma. Todo imperio que haya dominado alguna vez el mundo ha terminado cayendo; no hay mal que cien años dure; así seguirá siendo, hasta que el Señor vuelva. Su reino es el que no tiene fin y a él nos encaminamos. Toda nuestra vida es una peregrinación que vamos haciendo hacia Dios. Y Él nos preguntará cuando nos encontremos cara a cara con Él, como en el Evangelio de este domingo (Mt 25, 31-46) si hemos amado, si hemos servido, visitado, escuchado, ayudado, al que lo necesita. En tiempos de crisis esto se hace más patente, pero sabemos que no toda ayuda es material. La ayuda espiritual también cuenta y aunque sea preminente en este campo el trabajo de los sacerdotes, debemos -cada uno de nosotros- ayudar en esta faceta fundamental de la vida. Cuando hablamos de Cristo Rey deberíamos pensar y rezar quién es realmente el rey de nuestra vida. ¿Dónde está Dios en ella? ¿Lo amamos sobre toda las cosas o es otro u otros diosecillos o cosas los que reinan en nosotros? Todos sabemos y decimos muchas veces que para Dios siempre lo mejor, pero ¿realmente se lo damos? ¿Qué es lo mejor en nuestra vida? Un rey en la antigüedad, y también ahora, por qué no, estaba obligado a cuidar de los súbditos, por eso gritaban el día de su coronación ¡Dios salve al rey! porque eran conscientes de que si el rey se salvaba ellos también. Sin duda alguna el Señor cuida de cada uno de nosotros y quiere que todos nos salvemos, es nuestro pastor y por eso nada nos falta. No olvidemos nunca que la recompensa es la eternidad, vivir con Cristo que es el mismo ayer, hoy y siempre. A Cristo, Señor de la historia es al que debemos conocer y dar a conocer para que todos los hombres puedan vivir -ya en la tierra participando en la vida de la Iglesia- en el único reino que existe en el que el único "impuesto" que hay que pagar es el amor. ¡Viva Cristo Rey! |
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