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Qué dirán PDF Imprimir E-Mail

Entre comida y comida, misa y misa -que estos días se multiplican-, bendión de belén y bendición de belén por fin consigo sacar un ratito para escribir este pequeño artículo que no quiere ser otra cosa más que una ayuda en vuestra vida espiritual y preparación del día del Señor. En primer lugar Felices Pascuas a todos aquellos a los que no se las haya felicitado personalmente al salir de la parroquia, o mejor dicho al besar la imagen del niño Jesús, gesto tan entrañable y a la vez cariñoso que demuestra cómo vivimos estas fiestas.

Sigo visitando y bendiciendo belenes, lo cual da muestra del cariño con el que preparáis en familia la celebración de este misterio santo y cuántos formamos parte de la parroquia de Sta. Genoveva. Somos muchos sí, pero quizá este domingo estemos pocos. La razón la encontraremos en la Pza. de Colón de Madrid, donde nuestro obispo nos ha convocado a celebrar la fiesta de la Sagrada Familia, que se celebra siempre el domingo que cae en la octava de la Navidad (Los ochos días siguientes a esta fiesta). Sin duda alguna nuestra parroquia se caracteriza por ser muy familiar, o al menos esa es la sensación que tiene vuestro párroco, ya que en todas las misas las familias venís unidas, y eso no es tan fácil en los tiempos que corren.

En toda parroquia, como es natural, siempre hay -al menos- algún feligrés para el que el párroco o algún otro sacerdote donde los haya, que no aquí, no es"santo de su devoción" (es bueno que haya voces críticas, si lo son de forma constructiva claro). Una vez, no era yo párroco aún, se me acerca una persona y me dice que "cómo puedo yo hablar de la familia si no tengo y se espera de mí que no la tenga nunca". La respuesta fue fácil, no se trata de que yo no tenga familia, o mejor dicho, descendencia, por la evidente promesa de celibato de los sacerdotes, sino de que yo formo parte de una familia. En primer lugar la mía, donde Dios me puso y a través de la cual me dio la vida. Pero en segundo lugar la Iglesia, que es una familia y más aún hoy nuestra parroquia, que va despuntando como una familia, un lugar donde compartimos lo que somos y tenemos y celebramos juntos nuestra fe, eso es y quiere ser Sta. Genoveva. ¿Cómo no lo va a ser si la familia es el pilar básico de nuestra sociedad? Dios es una familia y nace, se hace carne en una famila. La parroquia debe serlo también.

Por eso la Iglesia celebra con gran devoción esta fiesta de la Sagrada Familia. Y muchos chillarán estos días y los siguientes al domingo contra la Iglesia, los obispos, los sacerdotes y por supuesto contra todos los cristianos. ¿Qué dirán? No hace falta pensar mucho para averiguarlo, pero el caso es que les fastidia que los cristianos mostremos por qué somos felices en nuestra Iglesia, en nuestra familia, viviendo nuestra fe. Les encantaría que todo el mundo estuviese metido en los templos, sin salir a la calle y proponer aquello que Dios nos ha dado como la mejor forma de vida. Yo creo que les gustaría que todas las parroquias estuviesen tan apartadas como nuestro barracón, para que no se viesen. Pero lo nuestro es circunstancial, y además se nos ve porque ya no cabemos dentro, así que algunos salís fuera. 

"Dios no quita nada al hombre sino que se lo da todo", nos dijo Benedicto XVI, y esto se constata en una fiesta como la de este domingo. Todavía en una sociedad secularizada como la nuestra, la familia sigue siendo la institución más valorada en las encuestas. Pero no por ello está exenta de peligros y amenazas. Vivir en familia es difícil, se hace evidente la dificultad de muchos esposos para crecer juntos en el camino que emprendieron en el matrimonio; se ve también cómo desde el exterior de las familias las presiones culturales y algunas leyes ponen a prueba su identidad. La Iglesia reconoce que la familia se funda, según el querer de Dios, sobre la unión indisoluble entre un hombre y una mujer, quienes, en su mutua entrega, se abren a la fecundidad y asumen la tarea de educar a los hijos que les son dados. Aunque para muchos esto no sea así, nosotros debemos profundizar en esa institución establecida por Dios y santificada en la fiesta de hoy. Juntos, en la parroquia o en Colón, en comunión con nuestro obispo, rezaremos por nuestras familias y por todas las familias, especialmente por las que están en dificultades. Rezaremos por nuestros gobernantes, nos gusten más o menos; y pondremos en las manos de Dios, de la Virgen y de S. José, de la Sagrada Familia de Nazaret, la vida y la alegría que en esa Iglesia Doméstica que es la familia y donde Dios se hace presente cada día, se nos da.  

 
Se acabó el tiempo PDF Imprimir E-Mail

Llegamos este domingo IV de Adviento, a las vísperas de la gran fiesta de la Natividad del Señor, porque este domingo siempre se celebra tan cerca del día 25 que como dicen los chavales de la parroquia, "no da tiempo a que se gaste la cuarta vela de la corona". Ya -prácticamente- están todos los adornos navideños puestos, tanto que en muchas tiendas lo que les ha quedado está rebajado. Yo me lo estoy pasando genial recorriendo las casas de muchos de vosotros, visitando vuestras familias y vuestros Belenes. Tened paciencia porque no doy de sí más, voy a visitar todas las casas de los que me habéis pedido que bendiga el nacimiento, pero poco a poco, porque hay tanta gente que quiere que lo haga que voy a necesitar un gps para no perderme por Majadahonda, que ya me ha pasado a pesar de llevar viviendo tantos años aquí. Pero la verdad, como vuestro párroco, estoy feliz de poder ver como en vuestras familias el "espíritu navideño" es algo más, un sentimiento y una sorpresa ante lo que va a suceder y que habéis representado con cariño en el Belén familiar. Cada uno a su manera, con figuras de distinto tipo y con distintas ideas. Va a ser muy difícil elegir a la familia ganadora del concurso, porque yo os daría el premio a todas, por haber hecho todo con tanto cariño, por querer mostrar a los vuestros nuestra fe y también, por supuesto, por abrir las puertas de vuestro hogar a este cura al que con tanto cariño estáis recibiendo y que tanto me estáis enseñando estos días. Gracias porque creo que el Señor me ha dado una parroquia y unos feligreses que sin duda no me merezco. Gracias también por vuestra generosidad con los que más lo necesitan, por los alimentos que traéis y por la ayuda económica que les proporcionáis a través de la parroquia.

Decía al comenzar que se acaba el tiempo porque la Navidad está ya a la puerta. Este domingo se nos recordará en el Evangelio el momento de la Encarnación del Señor (Lc 1, 26-38) y la obediencia y la fe de la Virgen. Por ella nos viene la salvación, porque dijo sí. Nosotros hemos tenido tiempo, cuatro semanas, para preparar el acontecimiento de la Navidad. Y ahora llega la pregunta del millón. ¿Lo hemos hecho? No será porque este párroco no os haya dicho que el tiempo pasaba. El Señor está cerca. Pero no importa, aún tienes unos días, si vas retrasado, no te preocupes, ponte en marcha y acelera saltándote espiritualmente los límites de velocidad. La primera palabra del Evangelio del domingo es la invitación a la Virgen: ¡Alégrate! Este saludo está relacionado con la venida del Señor. A María se le anuncia una alegría que en lo sucesivo será proclamada a todo el pueblo, a nosotros, y queremos vivirla.

Para participar de la fiesta de la Navidad nos conviene esperar con humildad y acoger con confianza al Salvador. "Todos los fieles que por la liturgia viven el espíritu de Adviento, considerando el amor inefable con que la Virgen María espera a su Hijo, la tomarán como modelo para prepararse al encuentro del Señor que viene, vigilando en oración y llenos de alegría" decía Pablo VI¨. Tu cómo vas a recibir al que viene a Salvarnos. Son días para participar de las celebraciones familiares con alegría, aunque a veces cueste determinados esfuerzos. Pero sobre todo son días para participar de la vida de la Iglesia y de las celebraciones litúrgicas. De la Misa del Gallo, en la medianoche, en la Nochebuena, que por algo tiene este nombre. Son días de Iglesia, de parroquia, de familia, todo es uno, porque la Iglesia, es tu familia, y está parroquia también lo es, lo demostráis con creces. Vamos juntos a celebrar estos días y en su momento nos felicitaremos, no antes, porque el Señor aún está por venir. No obstante, con palabras de nuestro obispo, el Cardenal Rouco Varela que en el año que entra nos visitará, os deseo en esta fiestas de Navidad "experimentar en compañía de los vuestros lo que supera todo conocimiento, el amor de Cristo, el Hijo de Dios, que nace en nuestra carne".

 
Gaudete in Domino PDF Imprimir E-Mail

"Estás viendo, Señor, como tu pueblo espera con fe la fiesta del nacimiento de tu Hijo; concédenos llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante". Con estas palabras, el domingo III de Adviento los presbíteros de la Iglesia nos dirigiremos al Padre al comienzo de la misa. Es la oración colecta. Una oración que como tantos textos eucológicos (los que forman parte de la liturgia de la Iglesia) enriquecen enormemente nuestra vida espiritual y es importante conocer y rezar. Nos hace caer en la cuenta de la proximidad, ahora sí, de las fiestas navideñas. Este domingo tradicionalmente se denomina de la alegría, es el domingo "Gaudete"  y se llama así porque en la misa hay una antífona, el primero de los textos de la misa del día destinado a cantarse, que normalmente o se recita o se omite, que comienza con las palabras con las que titulo este artículo y que está tomada de la carta a los filipenses "Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. El Señor está cerca" (Flp 4, 4-5).

La Iglesia es consciente de que quedan pocos días para la Navidad y da un paso más preparándose con intesidad y sobre todo siendo consciente de lo que supone y exhortándonos a la alegría pero también a la oración, porque estas fiestas deben caracterizarse por vivir ambas. Así lo hará S. Pablo en la segunda lectura (Ts.5, 16-24). A mucha gente escucharéis decir estos días que no les gusta la Navidad, que les da pereza tantas cenas, tantas reuniones, tanto gasto, tanto regalo, tanto rollo. Otras personas os dirán que la Navidad les produce tristeza, y cada vez más gente dice estas cosas. Paradójicamente no paramos de poner luces, adornos, de enviar tarjetas de felicitación, e-mails, y hasta los tan comunes como fríos sms, de los que no se sabe bien si cuando los recibes significa que se acuerdan de ti por lo que dicen, o por el contrario, se evitan el compromiso de llamarte y te quitan de en medio con facilidad. Todas estas cosas no se hacen durante el resto del año, por lo que estamos de acuerdo en que estos días son distintos, especiales. Y todos estos signos manifiestan alegría, sin duda.

Pero la oración que transcribía antes nos dice que el Pueblo de Dios, nosotros, nos estamos preparando a celebrar una fiesta de gozo y salvación, porque eso es lo que es. ¿Nos preparamos con la oración, sabemos realmente lo que supone celebrar la Navidad en nuestra vida, estamos realmente alegres? La Navidad, y también el Adviento, es una fiesta de alegría y esperanza, por eso ponemos luces. S. Juan dirá en el Evangelio de este domingo (Jn 1, 6-8.19-28) citando al Bautista, que éste daba testimonio de la luz, pero que no era la luz, sino testigo de la luz. La Luz, con mayúscula, es Cristo y por ello las luces nos recuerdan lo que celebramos. La pregunta que lanzo es si realmente nosotros somos también, como el Bautista en el desierto, testigos de la luz. Si nos acercamos a las Fiestas sabiendo y entendiendo lo que son y si la vamos a celebrar con alegría, con alegría desbordante. Únicamente si nosotros somos testigos y explicamos a todos lo que celebramos y por qué vivimos y hacemos lo que hacemos, las luces que iluminan nuestras calles iluminarán también los corazones de aquellos que simplemente te felicitan el año pero desconocen o simplemente no quieren saber, que los años se cuentan desde el del nacimiento de Cristo, cuya fiesta estamos preparándonos a celebrar con alegría desbordante. Alegraos en el Señor que viene a salvarnos.

 
Prisa PDF Imprimir E-Mail

Algunos lectores malpensados, que también los hay, y son -o sois- muy divertidos, estarán deseando seguir adelante para ver como me meto mordazmente con la empresa de comunicación que lleva por nombre el del título de este artículo y que no parece ser muy afecta a la doctrina de la Iglesia. Pero lo siento, espero no decepcionaros, no es ese el tono de este blog y -sobre todo- hoy quiero escribir sobre el significado de esta palabra en el Adviento en el que ya nos encontramos inmersos. Prisa, que se define como la prontitud o rapidez con que sucede o se ejecuta algo, tampoco se refiere, como algunos "malvados" dicen, a las misas que celebro habitualmente y que para algunos son demasiado breves, aunque eso tiene fácil remedio.

Prisa en el Adviento es lo que deberíamos tener para encontrarnos con el Señor que viene a salvarnos; es lo que tiene la Iglesia cuando día a día le pide al Salvador que venga; ¡Ven Señor Jesús! decimos cotidianamente en la aclamación tras la consagración en la misa. Prisa es lo que debería darnos cuando vemos que domingo a domingo se van encendiendo las velas de la corona y que advierten cuánto nos queda para celebrar la Navidad y nosotros aún con los "rulos puestos" (aunque debo reconocer que desconozco si se siguen usando). Lo dice S. Pedro en su carta que leeremos en la misa del Domingo II de Adviento. (2 Pe 3, 8-14): "Para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día". Fijaos si pasa el tiempo rápido. ¿Qué estamos haciendo cada uno para preparar ese camino? Quizá la prisa que tenemos, y a mi me pasa, es por la cantidad de cosas que hacemos y que nos distraen de lo que realmente es importante en el camino de la fe. Yo a veces tengo la sensación en la parroquia, y sobre todo los domingos, que voy tan rápido, y no solo en las misas, que puedo pecar de no estar suficientemente atento a lo que os pasa o necesitáis, porque realmente uno se agobia y pasa todo muy deprisa en el día a día. Y eso puede afectar a nuestra relación con el Señor, porque hacemos tantas cosas, aunque sea por Él o en su presencia, que no nos paramos a estar junto al que sabemos nos ama. Al menos a mi me pasa y seguro que a muchos de vosotros también. El Evangelio de este domingo (Mc 1, 1-8) nos invita a preparar el camino del Señor, y esa es nuestra tarea. ¿Realmente lo estamos haciendo? ¿Cómo? Me gustaría invitaros a contar en el blog, en medio de nuestras prisas por preparar lo externo de la Navidad, cómo la vamos preparando. La experiencia espiritual o mundana, de compras o de oraciones, de cada uno; es posible que ayude espiritualmente a otro, y para eso también sirven las nuevas tecnologías. Nuestro blog lo han leído ya -y nos consta- en Nuevo Méjico, Chicago y Bangkok, que yo sepa, quién sabe a quién más pueden ayudar tus palabras y tu experiencia.

Cada día, pero especialmente en el Adviento, hay que "perder" un poco de tiempo con el Señor. Aunque tengas mucho trabajo, y eso en los tiempos que corren será una suerte. No te olvides de lo que nos dice Isaías (Is 40, 1-11) "Mirad, viene con él su salario, y su recompensa lo precede". En nuestras actividades laborales este mes hay paga extra, por Navidad, no olvides darle una paga extra al Señor dedicándole más tiempo a Él, que también nos recompensa, eso es lo que nos recuerda el profeta, y las profecías de Isaías se cumplen en Jesucristo. Y si quieres, aprovecha también esa paga (ahora el Consejo de Economía de la parroquia hace la publicidad como en los bancos sobre los planes de pensiones a fin de año) para hacer una donación extra a la parroquia, que desgrava un montón en el IRPF Guiño, muchas veces viene bien para la declaración de la renta y es para una buena obra, tanto la financiación del templo como las obras de caridad de la parroquia. Tienes hasta el 31 de diciembre.

Pero para preparar el encuentro con el Señor, solo hasta el día 25; el Adviento pasa rápido y la Navidad llega. Pero antes, el lunes 8 haremos una parada para contemplar a nuestra Madre, la Virgen Inmaculada, no olvides que es día de precepto. María es fundamental en el Adviento, ella, más que nadie, esperaba la llegada del Mesías, que se hace carne en su seno. Ella nos ayudará a cada uno a preparar mejor y más perfectamente el advenimiento de Cristo a nuestra vida, a nuestra historia, a nuestra parroquia. Ora pro nobis.

 
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