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Antes de llegar al domingo, debemos pasar por la importántisima fiesta del Apóstol Santiago, el patrón de España, aunque a veces no lo parezca porque no siempre es fiesta desgraciadamente, dejando así ver como un pueblo que olvida sus tradiciones, olvida su historia y su razón de ser, y mientras algunos se llenan la boca hablando de europeísmo, no son capaces de ver, por incultura más que por maldad -aunque también- que la fe cristiana es la columna vertebral de la Europa que conocemos y el sepulcro de Santiago, y el camino que conduce hacia él, eje de intercambio de cultura y civilización, frente a supuestas alianzas que son más bien un derroche de dinero en tiempos difíciles, que una realidad. Curiosamente, el Evangelio del día del Apóstol (Mt 20, 20-28) y el del domingo (Mt 13, 44-52) tienen una íntima relación. El día de Santiago veremos como la Madre de los Zebedeos pide para sus hijos el mejor de los puestos en el reino de Dios. Sin embargo el del domingo nos presenta esa comparación de reino con esos personajes que encuentran el tesoro en el campo o la perla y venden todo lo que tienen para comprarla; y esto después de haber escuchado cómo Salomón pide para sí no riquezas ni larga vida o poder, sino sabiduría para gobernar (1 Re 3, 5. 7-12) Cuando nos ponemos delante de Dios, nosotros cómo rezamos, qué pedimos. Sin duda una de las formas más importantes de oración es la que los maestros en espiritualidad denominan la oración de petición. Pero lo que quiero que te plantees es qué y cómo pides. No es lo mismo una petición egoísta, como la de la madre de Santiago y Juan, que una petición como la de Salomón que quiere saber cómo debe conducirse. No es lo mismo buscar nuestro interés que dejarse sorprender por Dios cuando nos ponemos a rezar. Ese es el tesoro del campo, a Dios lo encontrarás cuando menos te lo esperas. Eso sí, deberás hacer esfuerzos ¿Estáis dispuestos a beber del cáliz del que yo voy a beber?. Para quedarse con el tesoro hay que vender todo lo que tenemos, comprar el campo y entonces sí, disfrutar de lo que hemos encontrado. Por eso la relación con el Señor no puede ser nunca egoísta ni buscando nuestro propio beneficio, sino dispuestos a dar casi antes de haber pedido nada. No obstante, el Señor le dijo a Salomón que le pidiese lo que quisiese que se lo daba, el Señor nos dice también: Pedid y se os dará. Por ello, esperando siempre la sorpresa de Dios y agradecidos por todo lo que nos da, pidamos aquello que necesitamos, que no solo es salud, dinero y amor. ¿O no?
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