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Sobresalís en todo

En el mundo en el que nosotros vivimos casi todas las personas intentan sobresalir en algo, llamar la atención, en su mayor parte para mejorar la situación en la que nos encontramos, lo cual es legítimo, el problema es que los medios que usamos para ello no lo sean tanto y es lo que vamos a analizar.

Está claro que si alguien llama la atención en esta España nuestra es un cristiano, el problema es la razón por la que lo hace. ¿Es por una ideología, por una manera de pensar, o por su forma de vivir? Es ahí donde está el quid de la cuestión. Jesús llamaba mucho la atención, estaba tremendamente ocupado y era muy popular, lo descubrimos en el Evangelio del XIII Domingo del Tiempo Ordinario (Mc 5, 21-43) en el que el Señor aparece apretujado por el gentío, personas que le dirigen súplicas, que están enfermas... pero San Marcos nos muestra cómo el Señor actúa de manera incesante, no para, que diríamos hoy, e incluso entre empujones es capaz de curar a una mujer. Esta buena señora llevaba muchos años enferma y hace lo imposible por tocar simplemente el manto de Jesús, y recibe aquello que buscaba, la curación. Pero Jesús no quiere que ese milagro pase desapercibido entre la multitud y por eso pregunta quién le ha tocado el manto.

Las obras de Dios tienen que destacar, también en nuestra vida. Está claro que recibimos de Dios muchos bienes sin caer en la cuenta, aunque no se lo hayamos pedido. Pero tenemos que aprender no simplemente a pedir en nuestra oración, sino a reconocer lo que sucede en nuestra vida y dar gracias a Dios por ello. La mujer es interrogada por Jesús. Sin esa inesperada entrevista, la mujer hubiera vuelto curada a casa, pero ¿habría sabido que era por la acción de Jesús? El Señor nos enseña a revisar nuestra vida ante Él. El examen de conciencia no es otra cosa: es descubrirnos ante Jesucristo comprendiendo lo que verdaderamente nos ha sucedido.

A veces también nos sucede que estamos dormidos, como la niña del Evangelio, y Jesús nos despierta, y nos alimenta con la Eucaristía, porque aquel que ha estado enfermo, débil, necesita alimento, y no hay mejor comida que Cristo mismo que se nos da como pan del cielo. Hagamos un esfuerzo por destacar aquello que verdaderamente hacemos bien, en lo que sobresalimos. ¿Lo hemos pensado alguna vez? Porque será la mejor manera de ser fuertes frente a lo que nos cuesta y por donde, como la mujer del Evangelio nos desangramos y perdemos la vida.