|
Mañana, a las cinco, como quien no quiere la cosa va a ser un momento importante en la parroquia. Poco a poco vamos dignificando nuestro barracón y, aunque de momento no podamos construir el templo, si es el momento de entre todos construir la comunidad y echar una mano en todo lo que vamos haciendo y creo que eso lo vamos consiguiendo. Construir una iglesia es cuestión de tiempo, pero una comunidad cristiana que dé fruto es más difícil. Mañana variaremos un poco el mobiliario y para eso hace falta ayuda, la de todo el que pueda. Pero aunque eso dignifique nuestro templo, que sin duda lo hará, no significa que la parroquia esté terminada. Porque una parroquia se hace día a día, y no me refiero a su edificación externa, sino al camino que juntos vamos haciendo hacia Jesucristo. La higuera a la que se refiere el evangelio de este tercer domingo de cuaresma somos tu y yo, cada uno de nosotros y el Señor nos va cuidando para que demos el fruto que él quiere. Poco a poco en la parroquia se van viendo frutos, pero nunca hay que conformarse. Hay que esforzarse cada jornada por ser un poco más fieles, por enamorarnos más de él y por dejarnos cautivar por el resplandor de la zarza que le llama la atención a Moisés. A mi hay cosas en la parroquia que me llaman poderosamente la atención y que sin duda son frutos de Dios. La cantidad de gente que acudís a misa, a confesar, a la dirección espiritual, los niños de catequesis y los jóvenes; unos treinta creo recordar vamos a peregrinar a Javier el próximo fin de semana con la peregrinación diocesana. Y treinta son muchos jóvenes para ser la primera vez que vamos en la parroquia a una peregrinación. Sin duda hay que dar gracias a Dios que es el que lo hace todo. Debemos ponernos más en sus manos para que nos siga dando el don de la fidelidad y tenga paciencia con nosotros que tantas veces nos equivocamos. Nos debemos dar cuenta de cómo el Señor nos cuida, como a la higuera, y nos riega con la Eucaristía, nos abona con su palabra y los sacramentos, etc. Dejemos estos días que todos esos dones nos empapen y permitan que nos convirtamos más a Él. Eso permitirá que demos fruto y no rechacemos aquello que se nos da a través de la Iglesia y que se nos regala cada día en la parroquia. Estos días de lluvia la tierra está saturada de agua y la echa fuera porque ya no puede absorber más, que nos cansemos de empaparnos de la gracia de Dios y no sólo no expulsemos nada de nuestra vida, sino que como Moisés, que se siente atraido por la zarza que arde sin consumirse, atraigamos a otros hacia Él. Así construiremos más y mejor nuestra parroquia con todas aquellas personas que aún faltan y que tienen sed de Dios.
|
|